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Dicen que los ángeles suelen estar atentos a Belgrano.
Dicen que el diablo frecuenta este barrio.

Una nueva primavera, miraba a las parejas en una de sus plazas, besándose en las penumbras, en la noche calurosa de un viernes y decide a jugar con ellas, liberando un pecado entre los machos, la tentación. Solo, para probar al amor efímero que ha dado como don el siempre despreciable Dios.

Ahí en el cielo deciden solo observar qué sucede, pues confían en sus ángeles caídos.
Y un pecado es liberado, recorriendo la oscuridad, dándoles a los hombres ojos de noche, desviando las miradas de todos, comienzan a observar más a las otras, sintiendo que sus deseos se hacen incontrolables, aun abrasados.

Algunos dicen la verdad a sus novias, simplemente, no quieren besarlas mas… simplemente, quieren a otra, a otras, a todas las demás.

Actúan los ángeles y mandan a uno de ellos a buscar a ese demonio de la tentación, al ver que la mitad de las parejas en la plaza ya se habían separado.

Solo quedaban los orgullosos o románticos y miedosos de la soledad, sabihondos que lo que sentían era solo confusión; pero sin poder dejar de ver las faldas más altas, los escotes más abiertos, las miradas más sostenidas.

– Abrazame más fuerte…- decían los que amaban de verdad.
Pero por más bien que conocía su rostro, el ángel seguía sin encontrar al escurridizo pecado que nublaba las mentes y destruía las realidades enteras a cambio de un solo deseo: coger toda la noche.

Pero al final, todos los hombres, cedían. ¿Tal vez no eran tan fuertes los abrazos de sus amadas?

Pero nadie lloraba en la plaza, todos reían, con nuevas parejas y algo tristes de remordimientos.

Nadie escapo, absolutamente todos se postraban ante ellas.
Vencido el ángel, vuelve al cielo entre las risas.

Lo que no sabía el cielo, era que nunca hubo un demonio, ni un diablo.
La Primavera no libero a la tentación, sino a la seducción, y no fue enviado a los hombres, si no a las mujeres.
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